Mi adorada Violante:
No tengo mucho tiempo una vez más. Solo tus ojos me obligan a detenerme, no sé si a respirar o a desplomarme. Pero me obligan a detenerme.
Este forzado descanso ha dejado de ser descanso, ya que ocupo mi tiempo en mil tareas sin otro futuro que llegar a otro servicio. Cuando esto se produzca, una vez más me habré vengado de los dioses como lo hizo Sísifo, disfrutando del castigo. Pero no me detengo por esto.
En estos días, veía cómo iban apareciendo nubarrones sobre mí y no hacía nada por evitar el mojarme. Todo lo contrario. Me iba despojando de la ropa cuanto más gris se ponía el cielo y más me alejaba de mi hogar. Volvía a jugar con peligros ya experimentados, que habían tenido consecuencias no trágicas, pero sí dramáticas. Y, sin embargo, volvía a provocar a mi propia personalidad, de manera completamente irresponsable. Una cara, un rostro se dejaba ver entre las nubes y me llamaba.
Este déjà vu de sentimientos (¿hay alguna palabra en castellano para esta sensación?) se estaba convirtiendo en algo que no podía o no quería parar… Hasta ayer. Cuando apareció un recuerdo feliz adornado de filigranas dolorosas… Cuando recordé…
Miré al cielo encapotado, que comenzaba a anunciar electricidad desbordante y fui vistiéndome de nuevo. Abandoné toda esperanza como Dante al comienzo de su viaje porque volvió a aparecer un rostro. Y no era el rostro que movía la nueva tempestad. Era el rostro de quien no volverá.
Era el rostro de una Beatrice equivocada que muestra el Infierno y olvida el Paraíso. Ante esa cara, ya no me fue posible querer seguir bañándome bajo el agua de otra lluvia , de otro rostro, por brillante que sea.
Prosigo, idolatrada Violante… espero encontrar tus rosas azules y poder descansar algún día….
𝕷𝖆𝖛 𝕯𝖊𝖑𝖆𝖈

Deja un comentario