Últimas brasas

Siento fascinación por cómo se encarama el miedo sobre sí mismo. El miedo, y no el amor, es el que mueve a las personas, más que ningún otro sentimiento. Por miedo somos capaces de odiar e incluso llegar a hacer daño sin remordimiento. El miedo nos susurra suavemente al oído que aquello por lo que luchamos sin conciencia esta bien, es lo que se debe hacer. No nos gusta que nos posea, es un hecho irrefutable, nadie disfruta sintiéndolo. ¿O sí?

El miedo habitual nos mueve de manera cautelosa a lo largo de la vida. Incluso impide que destrocemos todo cuanto hemos construido, ayudándonos a poner barreras que aparentemente nunca sobrepasaríamos. Pero el miedo, también nos hace cambiar, nos envuelve con su manto oscuro sin aparente escapatoria. Hay quien acepta ese viscoso ungüento, quien deja que lo impregne todo y se transforme en una máscara que habla y actúa con soberbia, como si de alguna manera fuese innato en la persona. Pero no lo es. ¿O sí?

El miedo es sabio, porque a lo largo de nuestras vidas se va perfeccionando a sí mismo, alimentándose de todos nuestros conocimientos, y de nuestro exceso de pensamiento. Creando una adicción sin precedente desde un segundo plano, una retorcida y compulsiva energía que orienta nuestra brújula. Hace inclinar la aguja hasta el extremo, para que no exista un norte o tan si quiera un limbo, para que pensemos que decidir por nosotros mismos es el auténtico peligro. Porque las flechas que marcan la dirección que debemos seguir nunca se equivocan. ¿O sí?

¿Alguna vez le hablaste directamente a tu miedo? Yo sí.

Pregúntate cuántas veces tus convicciones te han llevado a ser intolerante, cobarde, despiadado; contigo o con los demás. Cuántas veces te has creído del lado de la mayoría y no has visto más allá. Cuántas veces has forzado la situación para sentir excitación con el exceso. Cuántas veces has obligado a los demás a aceptar tu verdad. Cuántas veces te has obligado a ti mismo a creer la verdad del tiránico miedo.

A la actitud de quien nunca ha luchado contra su miedo, a la de quien actúa por el miedo colectivo, solo puedo describirla con una palabra: conformismo.

¿Alguna vez nadaste río arriba? Yo sí.

<< La dinamita y no la fe, mueve montañas>>.

¿Controlas tu miedo? ¿O tu miedo te controla a ti?

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar