Mi adorada Violante:
Sigo en esta vigilia laboral. Puedo decirte, sin falsa modestia, que alguna oferta he rechazado. Implicaban un valor y una fuerza que ya no habitan en mí, o que al menos, no se dejan ver últimamente.
Acostumbrado ya a las decepciones y a las promesas rotas, no voy a ser yo quien te defraude, así que pagaré mi deuda. Hoy hablaré de princesas malvadas, de hermosos súcubos… de mujeres que convierten a los niños en hombres con la esperanza de un beso y dejan a los hombres llorando como niños cuando no llega. Aunque no te daré nombres. No voy a alimentar tu satisfacción con mis escarnios.
Cuando se trabaja de alguacil, se pierde la calma, la paciencia, las ganas… percibes la diferencia entre lo que das y lo que la vida te concede. Te enfadas porque sabes que mereces más. Y es a partir de esa frustración, cuando aparece la falta de sueño y te sumerges en otra falta de sueños, momento donde vienen los peligros.
Y aparecen hermosos rostros, enmarcados por apacibles sonrisas y brillantes ojos, que proponen promesas de redención. Desaparece la realidad y se malinterpretan sensaciones intensas, prolongadas y compartidas, pero con poco sustento. Y a tu alrededor, se crea una red fina pero resistente, sutil pero contundente, que te atrapa y no puedes sentirla. Ves esos ojos y esas sonrisas en los libros que lees, en las películas que miras, en las canciones que escuchas.
Al final, brotan las razones de esas miradas dulces pero mentirosas, de esas sonrisas radiantes pero pérfidas y puedes ver que, a cambio de unas promesas que no se han hecho y que no podrás reclamar, se construyen tus errores, y sobre ellos, tus miedos y tus tragedias.
Acabas con el alma seca y los ojos húmedos. Te enfadas, pero no ya con el destino ni con la vida, sino contigo mismo. Porque una vez más, quisiste descansar y te equivocaste. Y decides seguir mirando alto y al frente, sin ceder una pulgada ya que cada vez que sonreíste, perdiste la partida.
Pero hay algo que guardaré dentro de mí. Maravillosos meses con esplendorosas miradas y aunque, en lo más hondo, sospechaba que todo era indiferente mentira, mi tristeza se vio ahuyentada. Aunque todo fuese una burla cruel, olvidaré lo que pasó para quedarme solo con lo que imaginé, aprovechando esa mejor oferta.
Todo este embrollo de palabras para decir solamente que, si alguien recuerda esos meses y me ve en sus pensamientos, que me abrace porque aún la extraño. Que hermoso fue robar esta frase a Cortázar…
Hasta pronto, mi idolatrada Violante. Hoy te he regalado mi dolor y mi desesperanza. ¿Qué más quieres?
𝕷𝖆𝖛 𝕯𝖊𝖑𝖆𝖈

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