Una vez leí que ‘una de las formas más crueles de dejar a alguien en la ignorancia es abrumarlo con datos que no puede asimilar ni comprender. Si a esa avalancha desordenada de información se añade además que muchos de esos datos son contradictorios o parciales, el resultado es invariablemente la confusión de quien recibe la información’.
Vivimos intoxicados por la información. Nos lo confirman todos y cada uno de los medios masivos que utilizamos. Somos los seres con más acceso a datos, y los más ignorantes. Estamos derivando todas nuestras funciones útiles a buscadores, redes sociales, dispositivos electrónicos, electrodomésticos… El Internet de las cosas nos simplifica la vida, pero también nos hace perder capacidades.
Hemos conseguido comunicarnos con personas a millones de kilómetros de distancia, pero muchas veces resumimos nuestra solidaridad tocando el botón de compartir. Solemos dormir bien. Hay tantas etiquetas en el mundo que, desde por la mañana, ya parecemos una corchera llena de post-it, diciendo: ‘Hola, me llamo fulanito, soy hetero, feminista, animalista,…’ seguido de una frase ridícula de ‘Hoy va a ser mi día’, sin aceptar que el día será de todos los que consigan despertarse, y que tendrá cosas buenas y malas que asimilar en apenas unos instantes.
Me sorprende esa capacidad de adaptación, esa conformidad de vestirnos con simples palabras que no demuestran ni por asomo de lo capaces que somos. Pero dormiremos plácidamente, porque seguimos el sistema. Porque ser mediocre depende de con quién te compares, y si siempre apuestas por lo bajo, lucirás una amplia pero conforme sonrisa. Dejemos de darle tanto valor a ser felices, hay que disfrutar y aprender de cualquier sentimiento.
Qué más me da a mí tu orientación sexual; veré en tus acciones tu capacidad de amar, de perseverar a pesar de los desacuerdos, la distancia, las circunstancias, los inconvenientes. Qué más me da a mí o a cualquiera de qué partido político seas; piensa que aunque digas que eres del Real Madrid, no influirá en que los jugadores ganen o pierdan. Qué más me da a mí si tienes completamente claro qué te define y qué no; todos estamos en constante cambio, no hay que preocuparse tanto por definirse como por seguir aprendiendo fervientemente de la vida.
¿Nadie te dijo alguna vez que llamarse a sí mismo humilde solo demostraba vanidad? Quizá debería ser así con todo, al menos todo lo que sale de nuestra boca, o que se refleja en nuestros actos. Pero… ‘Significa que quien se sabe humilde para poder anunciarlo no es humilde, no sólo por verbalizarlo sino también por el hecho de saberlo. He ahí la paradoja. Nadie humilde puede reconocer la humildad en él, porque entonces dejaría de serlo. El humilde no percibe su humildad, se la perciben. Si uno cree ser humilde, entonces ya no es humilde’. Es muy sencillo: haz y di lo que te nazca. Eso es lo que eres. Si esperas agradar a alguien o te ves condicionado a la hora de vivir, cambia de rumbo. Que nada frene tu aprendizaje. Olvida las etiquetas.
Nos retroalimentamos de alguna manera con las etiquetas que se hacen visibles, escogemos bandos, nos apropiamos de conceptos, ideas y palabras para dar forma al sentido de la vida. Qué fenómeno más curioso ese, que nos hace querer encajar en los moldes en los que han querido encajar los demás. Podemos pensar que es cómodo, cálido, reconfortante… Piensa que quizá ese molde sea el mismo en el que encajarás bajo tierra. Y nos lo merecemos, por predecibles.
Me he dado cuenta de que, es esclarecedor levantarse uno por la mañana, lavarse la cara y saludarse ante el espejo con un simple ‘Hola’, avanzar durante el día sin la carga de una etiqueta, desarrollar nuestras capacidades y al final del día hacer un sencillo balance. Ni desfasar celebrando aciertos, ni fustigarse ante los errores, tan solo aprendiendo de uno mismo, y no de lo que otros quieren que aprendamos. Escúchate primero a ti mismo. ¿Cómo vas a ayudar a los demás si no te ayudas primero a ti? Y no se trata de egoísmo, sino de cimientos. Puedes tenerlo todo en la vida y estar dando gracias solo por lo que otros reconocen como positivo.
Una última cosa que se me ha pasado por la cabeza. ‘Algunos nos llaman ‘locos de atar’, pero atar a la locura es tenerle miedo, ¿y no es un cobarde aquel que ata a alguien por considerar que no es lo que se espera? Y si los locos no atan a nadie, entonces, ¿no son los locos los valientes?’.
Si vas a demostrar algo que crees de ti, que sea a ti mismo; cada uno tiene una percepción muy diferente de los conceptos, de su propia realidad. Nos basamos en creencias. Si no sabes a qué me refiero… Investiga sobre estas divagaciones. Desintoxícate. El velo rosa ha pasado de moda.
𝕽𝖊𝖋𝖊𝖗𝖊𝖓𝖈𝖎𝖆𝖘: 𝕵𝖔𝖘𝖊 𝕬𝖓𝖙𝖔𝖓𝖎𝖔 𝖀𝖑𝖑𝖆𝖙𝖊 𝕱𝖆𝖇𝖔, 𝕵𝖔𝖘𝖊 𝕸𝖎𝖌𝖚𝖊𝖑 𝖁𝖆𝖑𝖑𝖊, 𝕻𝖊𝖉𝖗𝖔 𝕭𝖆ñ𝖔𝖘, 𝖊𝖓𝖙𝖗𝖊 𝖔𝖙𝖗𝖔𝖘…

Deja un comentario