Siento el roce del agua en mis pies, mientras camino en paralelo por la orilla de la playa.
A mi derecha reina la calma absoluta, a mi izquierda observo sobre el horizonte como se cierne en la más oscura de las noches.
De repente la lluvia adsorbe cualquier atisbo de alegría en el paisaje.
Un rayo desgarra el momento y me hace detenerme, paralizarme por completo.
El infierno se alza desde las profundidades.
El ambiente hace que cada uno de mis músculos se tense y el hielo recubra cada hueso dentro de mí.
Estoy en la arena, clavada, mientras el viento me arrastra hacia el oleaje.
Parpadeo y vuelvo a la realidad, mis lágrimas se quedan mezcladas con la lluvia en la playa, mi orgullo me tiende la mano para sonreír y mi álter ego guerrero me saca con la máxima compostura y elegancia posible de la galerna que siento.
Malditos sueños.
Escrito el 31 de marzo de 2014.

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