– »A cuatro manos», y no, no va con segundas. Piensa que las manos son la extensión por excelencia para construir, es decir, son lo que utilizamos cuando queremos tomar acción. En los procesos de creación nuestras manos siempre van a aparecer para dar forma. En algún momento, antes o después, vas a tener que tocar, dibujar, moldear, acariciar… Digamos que las manos son el contacto directo con el ahora y lo que hago.
-¿Por qué cuatro y no dos?
-Bueno, digo ‘a cuatro manos’ para demostrarte que, cuando tu corazón está dispuesto hace. Hace cualquier cosa que le nazca, sin importar si es demasiado pronto o demasiado tarde, lo hace porque hay algo que existe dentro de sí y está dispuesto a dejarlo salir; y eso, solo es posible a través de las manos.
-Según lo que dices, no solo serían las manos, sino también la voz. Pero, en cualquier caso, sigo sin entender esa frase.
-Ya sabes eso que dicen, puedes decir muchas cosas, pero la ‘verdad’ se demostrará en tus acciones, en lo tangible. Por mucho que digas que harás algo, si no lo haces, aunque sea poco a poco, no existe más que en tu mente; por lo tanto, cuando haces algo con tus manos, y solo con ellas, es cuando dejas la constancia de que algo está germinando.
-‘Tus palabras hablan de tu forma de pensar, tus acciones hablan de quien eres de verdad’
-Exacto. Entonces, cuando incluyo otro par de manos que no soy yo mismo, es un hecho tangible de que alguien construye a tu lado. De que, salga como salga la estructura, o pese a llegar a poder venirse abajo: hay cuatro manos que sostienen, que aportan, que dotan a ese proyecto un sentido común y único.
-Vale, ahora creo comprender lo que dices. Pero… ¿Qué importancia tiene? Realmente, siempre es así, o siempre debería ser así.
-Tiene mucha importancia. La base teórica siempre es así, pero cuando lo llevas a la práctica, es curioso observar cómo esas manos funcionan de manera más compleja. Lo que creías que se sostenía con esas cuatro manos, resulta que es soportado por tan solo un par de dedos. Y eso ocurre más de lo que nos imaginamos.
-¿Estamos hablando de amor?
-Estamos hablando de todo. A caso no ves cómo cada uno tenemos conceptos diferentes de la vida, pero nos juntamos para construir en equipo. Bien es cierto que tan solo un par de manos es capaz de muchas cosas, pero no estamos hablando de eso ahora, sino de factores externos, tal y cómo me habías preguntado. Quizá soy yo, y solo le estoy dando un sentido tan amplio y especifico al mismo tiempo que no nos comprendemos.
-Sí, comprendo lo que dices, y me parece una forma curiosa de verlo. Pero, dime. ¿Cómo sé cuando está funcionando ‘a cuatro manos? Y de verdad que esta forma de decirlo me hace gracia.
-Bueno, tan solo es otra forma de hablar. Para contestar a tu pregunta, volveré a empezar. Tan solo ves que funciona cuando funciona. Y sí, es redundante y obvio, pero es así. Cuando las manos están, están. Cuando las manos construyen, construyen. Si tan solo una mano de las cuatro, está apoyada, posada, o levitando en otro lugar, no está.
-Si te basas en la realidad, una mano puede ir y venir. Construir aquí y allá.
-Ahí está la clave de todo. Literalmente, tienes dos manos. Conceptualmente, tienes un corazón y un par de manos para cada relación con cada persona. Porque cuando conoces a alguien, se crea un nuevo tú, un tú para esa persona. Hay personas con las que no sientes nada, tienes que poner una mano en un momento específico y después la retiras, ese tú posiblemente no suponga gastar ni mucha energía ni interés. Pero, con esa persona que sí te interesa, ese tú que se ha creado para ella, tratará de poner las dos manos en ese núcleo común, como si entre vuestras manos estuviese la mismísima piedra filosofal. Y puede que esa energía cree algo grandioso, pero no lo hará si no se mantienen, porque si hay incertidumbre y las manos no tocan el núcleo, por mucho que las bocas digan que están tocando, no lo hacen.
-Caray. Entiendo lo que dices. Y realmente no tiene nada que ver con construir bien o mal, solo el ser, el estar…
Sin darse cuenta, sus cuatro manos habían acabado entrelazadas encima de la mesa. Lo que había empezado como una mera conversación superficial había remitido en un contacto sólido y auténtico.
-‘A cuatro manos’, y esto se consigue haciéndose una pregunta: ¿Me expongo?
-Sí, supongo que la vida es así. O te arriesgas o no, pero si no arriesgas no ganas. Fíjate, he pensado que sí existe un ideal, un perro fiel pone sus patas por ti y jamás se aparta.
-Si… Bueno, quizá deberíamos dejar de beber ya. Esto de la cuarentena nos ha hecho perder la capacidad de soportar tantas copas de vino.

Deja un comentario