ice

Voy a aguantar la respiración. Así parecerá que al menos estoy de una pieza.

‘Eres por dentro como dos papeleras ardiendo’.

Lo que supongo, quiere decir que es un fuego provocado pero controlado. Que en ningún momento podrá propagarse más allá de ese perímetro acotado. Un fuego que da calor, pero no quema si no juegas más de lo que debieras. Sí, puedo entender que se pueda contemplar así a una persona, todos recurrimos a semejanzas para aportar sentido a la dificultad.

Pero quién es quién para determinar el fuego que hay por dentro de cada uno. Quién es quién para poner en una balanza emocional quién lo está pasando peor. La realidad, esa subjetiva e incomprensible realidad en la cabeza de cada uno, no es un fuego que pueda juzgarse ‘contenido’, y menos si tu percepción es tan solo parcial e incluso mínima, porque sólo ves el residual de lo que esa persona está intentando hacer con su vida.

Ese fuego, no se muestra, no se ve tangible en ojos ajenos. Se pueden ver resquicios, en llantos, en ánimos en esa inconfundible actitud sombría que acompaña a la incertidumbre y ‘malos tiempos’; pero en ningún momento se ve. Y te voy a explicar por qué:

Porque ese fuego está por dentro de quien te sonríe, de quien te escucha y te calma cuando lo necesitas, de quien te anima y se anima a entenderte, de quien te estremece con sus besos o abrazos, porque lo que lleva dentro no son dos papeleras ardiendo, es un puto universo en llamas, que le arde y funde las entrañas, y a la vez las araña, las desgarra, las deja en carne viva que late con fuerza, ardiente, contenida.

Y dicen que contenerse no es bueno. Pero esos que sonríen, que siguen ayudando y adelante, pase lo que pase, esos saben bien que aguantarían el mismísimo y quizá metafórico fuego del infierno para transmitirte calma. Por amor a la vida, porque sin oscuridad no se aprecia tanto la luz, porque ellos saben que el sacrificio y el esfuerzo te hacen mejor, te hacen llegar más lejos.

Lo inmediato es pensar en una balanza, en quién pierde más en el juego; lo jodido es quedarse callado y comprender que el silencio habla por sí solo, y que el dolor no necesita palabras de justificación. Que cuando alguien arde, por poco que sea, tú y solo tú decides si ser el agua que necesita o un certero chorro de combustible.

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar