Cómo comprender aquello que no tiene comprensión posible, cómo intuir tan siquiera cuál sería la forma de proceder que haría posible lo que deseamos con más ansia. No hay respuestas concretas, tan solo factores que influyen en que algo suceda. Quizá anhelar esperanza es apostar en vano nuestra energía, no pudiendo, mas que con el paso del tiempo, contestar a nuestras preguntas.
El tiempo, nuestro mayor activo, es el que nos regala el a veces emocionante y a veces apaciguado momento; el que nos inspira e ilusiona ante el mañana, y el que nos regala una gran colección de recuerdos que no somos capaces de alcanzar a recordar en su totalidad. Tiempo, aquel que admira cómo vamos y venimos, cómo jugamos con él, ganamos y perdemos; aquel que admira la fragilidad del ser humano, tan pequeño e insignificante ante su propia inmortalidad, disfrutando en boca de otros la prueba de su existencia.
Es buena la enseñanza que no alaba la lamentación, aquella que presenta las bases de una vida llena de dicha a pesar de los infortunios, aquella que otorga a su aprendiz las sencillas bases de una realidad mortal efímera pero llena de oportunidades, aquella que presta atención a los detalles. Ser agradecido, pedir perdón, poder perdonar; son lo más sincero y puro que puede llenar un corazón.
Algo que me enseñaron todas y cada una de mis dudas, cada uno de mis miedos cuando he mirado el reloj o el espejo, es que aquí estoy, puedo acariciar mi propio rostro, mis propias manos, sentirme incluso cuando cierro los ojos, incluso cuando no hablo o no respiro por unos segundos. Noto mi accidental existencia, en ser y en consciencia, mi poca importancia en general y mi responsabilidad en particular, mi gran amor por divagar, mi gran pasión por atesorar historias, capturar en palabras las vivencias.
El tiempo nunca comprenderá qué es la esperanza aunque la vea reflejada en nuestros ojos cuando miramos el reloj esperando que algo suceda. Su condena es ser eterno y, vivir hasta morir, la nuestra. Nosotros escogemos cómo invertir su ritmo, él solo pone algo de orden en el caos que somos como especie, y aún así, seguimos sin valorar la grandeza que posee. Tan solo a la larga, será cuando tomemos consciencia por completo, cuando tomen nuestra mano anciana y sintamos al tacto su paso, cuando exhalemos la distancia que ha generado entre lo que empezamos siendo y lo que somos, cuando respiremos aceptando todas las decisiones que tomamos, cuando agradezcamos o maldigamos ese viaje extenso que se acaba, para terminar como empezó, que como él, el tiempo, siempre será nada.
Parecerá con esto con chanza un desasosiego, pero en realidad el arte de la esperanza es aceptar ser humano, actuar con nobleza a pesar de todo, seguir soñando.

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